lunes, 9 de febrero de 2009

Sálvame





Definitivamente los exámenes me han afectado profundamente y hasta que no acaben (los exámenes) las actualizaciones serán de este estilo, no sé si pediros perdón o si no tiene sentido ya que hablo sólo... Y van cinco (nunca pensé que pudiera tener tantos pensamientos... seguro que van de horticultura).






Noto que me estoy hundiendo, pero no lucho por salir a flote. No tengo fuerzas. Su abrazo al principio es frío, pero con el tiempo se va haciendo cálido y tierno. Cada vez estoy más relajado, me siento como en el útero materno, volviendo a mis orígenes. Noto que mis miembros ya no me responden. Mis brazos parecen cansados de moverse y mis piernas se resisten a llevarme a ningún sitio. Me sumerjo en un mundo gris. Quizás es blanco. Bueno, eso ahora ya no me importa, porque es un sitio muy agradable. Al fin me siento libre. Me siento bien. Ya casi estoy allí... ¡Oigo algo!, me llaman desde el exterior. No me interesa nada fuera de aquí, pero tira de mí y me obliga a salir. Aparto las sábanas y apago el maldito despertador. Odio los lunes.






viernes, 6 de febrero de 2009

Tras el cristal

Y con ustedes otra entrega de Pensamientos y Horticultura. Si fuisteis capaces de aguantar la primera entrega aguantáis cualquier cosa. Y van cuatro.



Parecía que no iba a pasar nada. Tampoco sería una novedad. Los días pasaban, uno tras otro y nunca veía algo nuevo por su ventana. Aún recordaba los tiempos en que el mundo cambiaba al otro lado del cristal, caminos convirtiéndose en calles y edificios que buscaban su lugar en el skyline. Eso sí que era vida, veía evolucionar la ciudad desde su sillón, sin tener que salir de casa y resguardado del cierzo que helaba las ideas. Su casa siempre fue pequeña, una habitación y un pequeño huerto. Más que suficiente para vivir, pero insignificante para la bestia en que se había convertido su ciudad. Un día, al poco de amanecer, una de esas criaturas que habitaban la ciudad encontró mi casa, ella y sus amigas me atacaron y destruyeron mi hogar, yo estaba entre los escombros. Dijeron que fue un accidente y que nadie vivía en esa chabola. Dijeron que yo era un indigente que se escondió ahí para dormir a cubierto. Dijeron que ellos se ocuparían de mí. Dijeron que no volvería a mi huerto, que no volvería a andar. Finalmente dijeron que los periódicos se habían olvidado de mí y ahora miro por la ventana de una habitación que no tardaré en abandonar, de camino hacia el olvido.